miércoles, 4 de mayo de 2011

Clan Guindano, resto de familias, "¡No rompáis con vuestras raíces!"

Un día como hoy hace ya 8 años algunos escuchamos desde la Plaza de Colón un consejo del nuevo Papa beato: Juan Pablo II.  
"Surgirán nuevos frutos de santidad si la familia sabe permanecer unida, como auténtico santuario del amor y de la vida. "La fe cristiana y católica constituye la identidad del pueblo español", dije cuando peregriné a Santiago de Compostela (Discurso en Santiago, 9.11.1982). Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo y a Europa la riqueza cultural de vuestra historia. Sois depositarios de una rica herencia espiritual que debe ser capaz de dinamizar vuestra vitalidad cristiana, unida al gran amor a la Iglesia y al Sucesor de Pedro."

Me viene a la cabeza con este texto una aventurilla que vivimos el clan Guindano Laborda hará unos cinco años (quizá sean ocho, no lo sé con exactitud). Mi padre se levantó un sábado de invierno (deduzco la estación ya que por motivos de "Hotel Xabier, digamé" no hubiera podido ser de otra manera) y nos dijo: "¡Arriba chicos, en media hora estad listos que nos vamos de excursión a Guindano!".

Era habitual (y es, aunque ahora puede que con menos frecuencia) que los sábados invernales salieramos en familia al punto de la mañana a recorrer algún lugar perdido en el mundo foral o a dar un paseo. En repetidas ocasiones nos acompañaba el Padre Zabala, jesuita e historiador, que además de amenizarnos el viaje con sus collejas, nos instruía sabiamente y nos hacía palpar nuestra historia de Navarra, nuestras raíces cristianas.

Levantarte a las 9 de la mañana un sábado resulta duro, y más cuando el sábado es el día que sigue al viernes por la noche, pero los Guindano somos muy Guindano (seguramente la razón sea que somos poquitos en el mundo), y eso de ir a conocer nuestros orígenes, nos tocó la fibra sensible.

La única información que teníamos (gracias al citado jesuita) a cerca de Guindano era que lo conformaba un caserío deshabitado situado en un altillo a la izquierda de la carretera justo antes de llegar a Adoain, el último pueblo de Navarra en el valle de Urraúl Alto.

Guiados por un mapa de carreteras (todavía no teníamos gps) y por un animado Antonio Zabala,  emprendimos la marcha hacia Adoain en la maxi furgoneta de la familia. Sin darnos cuenta entre chascarrillos, chistes, rezos, cantos, y algún que otro grito, aparecimos sin dificultad en Guindano.

Es una sensación indescriptible la de pisar sobre suelo "guindanés". Por un lado da cierta pena ya que el poblado está derruido, básicamente lo que queda de él es la estructura. Pero por otra parte, es saberte descendiente de unos sencillos y santos campesinos seguramente agricultores. Ellos habrían construído sus casas enormes (cuatro o cinco nada más) y como no, su pequeña iglesia románica en honor a San Julián. 
En la red he podido encontrar este blog del que me he hecho seguidora, en el que aparecen unas fotos y algunos apuntes del pueblo que da nombre a nuestro apellido: http://despobladosnavarra.blogspot.com/2009/12/guindano.html

Las cercanías a Guindano nos brindaron nuevos descubrimientos en sucesivas expediciones como el caserío de Jacoiste (apellido de Javier, mi novio), o la ermita de Santa Fé donde está enterrado San Esteban de Adoain.

He decidido escribir sobre esto cuando esta mañana he leído en la prensa las palabras que nos dedicó Benedicto XVI a los españoles en la vigilia del domingo pasado: "El nuevo Beato recorrió incansable vuestras tierras, caracterizadas por la confianza en Dios, el amor a María y el afecto al Sucesor de Pedro, sintiendo en cada uno de sus viajes el calor de vuestra estima sincera y entrañable. Que desde el cielo os acompañe siempre su intercesión, para que la fe de vuestros pueblos se mantenga en la solidez de sus raíces y la paz y la concordia favorezcan el progreso necesario de vuestras gentes. Que Dios os bendiga."

Afianzar nuestra identidad es el mejor regalo que nos pudo hacer la visita a Guindano. Pues ese es el tesoro que debemos guardar y traspasar como herencia: la sencillez y la fé.

Os animo a indagar y a tratar de buscar vuestras raíces, estoy segura que cuanto menos os resultará divertido y curioso.

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