Unos dicen que una caja de bombones y otros que una lotería o una tómbola.
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Tómbola Domund 2011 a las 23.00 horas del sábado 22 de octubre, nada más terminar de prepararla. Estoy a la espera de una foto mejor. |
Y lo cierto es que la vida está llena de sorpresas.
Sorpresas y muchos premios hubo un año más en la tradicional tómbola del Domund (Domingo Mundial de las Misiones) que preparamos en Javier cada año para recaudar fondos para las misiones.
Javier presume de ser un "muy buen pueblo". Me explico: somos unos 100 habitantes contando a sacerdotes, monjas y misioneras. Todos nos conocemos de sobra. Es más, todos tenemos algún parentesco con alguna de las casas del pueblo: somos como una gran familia. Las fiestas consisten en comidas populares y largas sobremesas, cuando hay que preparar algo nos reunimos en el Ayuntamiento y decidimos entre todos, todos los niños de todas las edades juegan juntos porque hay muy poquitos, etc. Siempre hay rencillas, no vamos a ser ingenuos, pero eso pasa hasta en las mejores familias.
Bien merecida tiene la citada fama ya que la hora de preparar la tómbola de este año la colaboración del pueblo ha sido espectacular. Enviaron desde el Ayuntamiento un papelito en el que se pedía ayuda para preparar los boletos y se citaba los dos sábados anteriores a la tómbola a las 18.00 de la tarde en el salón de actos del Ayuntamiento. ¡Increíble la asistencia y el trabajo realizado! Todo el pueblo estaba allí: jóvenes, mayores y niños. Bizcochos, café y otros comestibles incluidos, claro. Y la faena (que no era poca: 4.000 boletos) terminada.
También en esa carta se invitaba a donar lo que luego serían los premios: comida (que conformarían las cestas), objetos, ropas, pañuelos, balones... Pues bien, conseguimos 1248 regalos, 4 premios especiales y 4 cestas.
Y lo mejor de la tómbola no ha sido todo esto que os he contado, sino la generosidad de la gente: recaudamos en un día casi 800 euros.
Pero si se puede pensar en algo todavía más espectacular es imposible dejar de mencionar el "ambientico" que se formó en la tómbola. Alegría entre los jóvenes y niños que colaboraban gustosamente (que son los que tienen el papel de organizadores) y los no tan niños que compraban boletos, los abrían, parloteaban, aprovechaban para discutir, comentar chascarrillos, reir o lamentar.
Asombra ver cómo el Domund ha cumplido su función en Javier y nos ha hecho más misioneros, y no sólo en el ámbito económico, sino en el plano personal, que es mucho más importante. Sorpresas que da la vida.

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