lunes, 9 de mayo de 2011

Coimbra, ¿a que suena a destino exótico? También es parte de nuestra historia

Foto: Irene Carbajo en nuestro reciente periplo por Coimbra.
"Hace mucho tiempo que se acabó, pero es que hay cosas que nunca se olvidan,  por mucho tiempo que pase. 
1582, el sol no se ponía en nuestro Imperio, me gusta mucho esa frase. 
Con los Austrias y con los Borbones perdimos nuestras posesiones. 
Esto tiene que cambiar, nuestros nietos se merecen que la historia se repita varias veces." reza
la letra de una canción de Los Nikis.

1581, en aquel momento alcanzó la Monarquía española su mayor extensión terriotorial al incorporar el reino de Portugal.
Felipe II, aprovechando una crisis sucesoria en la que hizo valer sus derechos al Trono mediante la invasión del país luso, se convirtió en Felipe I de Portugal (añadiendo a sus dominios europeos las colonias españolas y portuguesas en América, África, Asia y Oceanía, hasta constituir un imperio en el que «no se ponía el sol»).

La semana de pascua estuvimos un grupito de cinco amigas recorriendo Portugal, en concreto las ciudades de Coimbra y Lisboa. Es muy gracioso cómo decidimos el destino de nuestras vacaciones. Las únicas condiciones que pusimos por unanimidad eran: que el lugar al que fuéramos no estuviera superpoblado de turistas, a ser posible que ninguna de nosotras lo hubiera visitado antes, y el factor más importante y por supuesto determinante (de hecho, el único imprescindible): que el precio a pagar por el viaje (estancia, visitas, comida...) fuera asequible. Nos daba igual en dónde aparecer, en qué medio de transporte ir, o si playa o montaña. Necesitábamos desconectar unos diitas.


Irene se encargó de ir mirando "chollos" por la red (vamos, que hizo el trabajo sucio) hasta que nos avisó de que nuestro destino turístico iba a ser o Bruselas o Coimbra. Sin rechistar aceptamos complacidas y por supuesto agradecidas por su dedicación, y no me preguntéis por qué, pero yo sin pensarlo (esto me suele pasar) dije en alto: "¡Coimbraaaaaa!".


Me resultó caprichoso, sí. "¿A dónde vas de vacaciones? A Coimbra." No suena mal, ¿no?. Exótico a la vez que -aunque me cueste reconocerlo- totalmente desconocido (¿dónde está Coimbra?, fue lo primero que pensé, aunque esto por lo bajini).


Más vale que mi ignorancia se vió iluminada unos segundos más tarde por una conexión de ideas que de repente relacionaba el término Coimbra sin tener muy claro por qué con San Francisco Javier y el territorio luso. Supongo que en algún momento de la breve historia de mi vida habré leído en algún lado u oído que San Francisco Javier catequizó esas tierras.

Y es que la Compañía de Jesús fue aprobada como nueva Orden Religiosa en 1540. Al año siguiente Juan III de Portugal conseguía del Fundador (San Ignacio de Loyola) dos misioneros para la India: el navarro Francisco Javier y el portugués Simón Rodríguez. Mientras preparaban el viaje, aquellos dos hombres no perdieron el tiempo y “reformaron” la corte de Lisboa.



Desde allí partió el “Divino Impaciente”, llegó a la India después de costear toda África hasta su extremo nororiental, a la isla de Socotora, donde los nativos le pidieron que se quedara.  
No pudo ser porque iba a la India como Nuncio del Papa. Javier, después de llegar hasta el Japón en misiones inverosímiles, se disponía a entrar en la China y atravesarla a pie para llegar a París y reclutar los misioneros que el mundo necesitaba. La muerte le sorprendió, a los diez años de su fecunda labor, el 3 de diciembre de 1552.


Su misión fue parte de la verdadera reforma (hemos reutilizado bien la palabra) de la Iglesia iniciada en España por Isabel la Católica, la del Concilio de Trento. Esa reforma tan criticada por los que no la conocen y por los que intentaron realizarla a su modo (Lutero, Calvino y Enrique VIII, que la sometió al poder político), fue aceptada con entusiasmo por Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, por Pedro de Alcántara y Juan de Ávila. Por toda la maravillosa constelación de los santos y misioneros cristianos del siglo XVI.


La obra de Pemán (buenísima y muy fácil de leer, de verdad) muestra como discuten amistosamente, sobre un nuevo globo terráqueo, estudiantes portugueses y castellanos compañeros del navarro Francisco Javier...


JAVIER
...Por Castilla y Portugal
sabe el mundo su tamaño.
OLIVA
¡Sobre todo por Castilla!
BRJTO
¡Por Portugal sobre todo!
JAVIER
¡Qué vana es esa rencilla!
Tan ancha es la maravilla
que caben del mismo modo
el de casa y el hermano.
    
(sobre la esfera)

Mirad, con qué liso y llano
saber exacto y seguro,
hacia el Occidente obscuro
y hacia el Oriente lejano
donde nace la alborada,
van esos dos rumbos ciertos.
Son los dos brazos abiertos
de España crucificada.
Porque, aunque parecen dos,
una sola interna voz
les dice un mismo ideal.
Y así, con impulso igual,
invocando a un mismo Dios,
trazada sobre la frente
la misma cruz al partir,
Portugal, por el Oriente;
Castilla, por Occidente,
se buscan, y al coincidir,
las cinco Molucas son
cinco broches de coral
que abrochan el cinturón
de la idéntica ambición
de Castilla y Portugal...


Lo que más nos llamó la atención en el país vecino de manera general fueron dos circunstancias aparentemente contradictorias.
Por un lado, impresionaba la gigantesca amabilidad de la gente, su sencillez, su alegría a la hora de servir, a la hora de hacer su trabajo. Las personas estaban contentas con lo que hacían, no le pedían más a la vida. Parece una tontería, ¿verdad? Se supone es lo normal. Lo sé. Sin embargo, no lo es.  No lo es por lo menos en España, o centrémonos y hablemos de lo conocido, en Navarra. Personalmente, no estoy acostumbrada a que me traten bien en una cafetería, en una tienda, en el estanco, o en cualquier tipo de comercio. Y menos a ver a un camarero, pizzero, cocinero o digamos por ejemplo, un albañil contento con lo que hace. Y la verdad, es una auténtica maravilla, un gustazo, una sensación única.


Nada más llegar un apuesto jóven nos indicó sin que nosotras le preguntáramos cómo podíamos acceder de la forma más rápida y barata al centro de la ciudad ya que el tren de llegada internacional nos dejaba en una estación lejana. Después el recepcionista del hotel nos acogió con un entusiasmo enorme, como si en su hospedaje no hubiera entrado una persona desde que se construyó (hará unos 40 años, por cierto), y sin embargo estaba completo. La alegría con la que te atendía el camarero del restaurante donde cenamos los tres días (y creo que fue por eso, por su simpatía, a parte de por las tremendas patatas fritas (o no sé cuál era el truco) que nos ponía para acompañar la comida gratuitamente, era genial.


Y podría seguir poniendo numerosos ejemplos. ¿Qué está pasando en España? No soy socióloga ni psicóloga, pero algo va mal. No es normal que siendo un país más desarrollado seamos por así decirlo, menos felices con lo que tenemos.


De hecho, la otra característica de esas tierras que nos dejó perplejas es la diferencia de riqueza respecto a nuestro país que sus pueblos denotaban. "Parece que estamos en La Habana" fue otra de esas sentencias que me suelen salir en voz alta y sin haber meditado demasiado. Los edificios sin cuidar, el tranvía sin raíles y con ruedas viejísimo por las empinadísimas calles de Lisboa, las embarcaciones que parecían desestabilizadas, la desgastada Universidad de Coimbra, el impertinente asfaltado de sus callejuelas... Sin embargo adivinábamos por las imponentes (aunque decadentes) fachadas de sus iglesias y edificios, los monasterios (sobretodo el de Belén), sus castillos y palacios, que no había sido un país pobre.


No obstante, la sensación final que te queda al haber paseado, recorrido, saboreado esos lugares es tremendamente agradable. Es un encanto diferente, algo muy entrañable. Es la sencillez combinada con la belleza del desastre. Es algo raro, la verdad, pero auténticamente precioso. Hemos vuelto encantadas y os exhortamos a vivir esta enriquecedora experiencia, ¿verdad chicas?

1 comentario:

  1. Bertota...q bien nos lo pasamos, volvería sin dudar con la misma compañia!!

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